Antes de hablar de eutanasia

El baño de realidad que nos ha dejado Noelia

Escuchamos en los medios de comunicación el desgraciado suceso de Noelia. La mayoría de nosotros sentimos gran indignación y un nudo en el estómago. El sufrimiento del que la joven no podía escapar debía ser inmenso. La hemos visto explicar con toda naturalidad su decisión y llevarla a cabo discretamente, sin titubear…

Dejando a parte ideologías políticas y religiosas, Noelia nos ha dado una lección de coherencia, elegancia y dignidad. Se ha ido sin reproches y sin hacer ruido.

Lo verdaderamente indigno es la sociedad que le quitó, primero la ilusión y después toda esperanza de recuperarla.

Con este dramático desenlace y sin quererlo ha destapado una gran verdad incómoda que nuestra sociedad se empeña en esconder: ¿cuales son en realidad las causas del sufrimiento y como deberíamos resolverlas

Simplificando la realidad (para que sea más comprensible) podríamos decir que existen dos tipos de trastornos que implican sufrimiento: 1. los que surgen sobretodo por causas psicosociales, 2. los de origen predominantemente genético y base neurobiológica. Es importante señalar que en la mayoría de los casos las fronteras son borrosas. Lo profesionales de la salud mental están para dilucidar la indicación de tratamiento médico, psicológico o abordar en entorno social según cada caso.

La sanidad no debería ser la excusa

Como psiquiatra que ha estado en la sanidad pública más de 25 años, viendo personas con ideas de suicidio en urgencias, en la unidad de hospitalización de psiquiatría así como ingresados en otros servicios del hospital, tengo una perspectiva de este problema significativamente diferente a la que escucho a mi alrededor.

La mayoría de gente está preocupada por la ley de la eutanasia y sus consecuencias. Y es lógico porque hemos traspasado una línea peligrosa: poner de manifiesto que si la sanidad no es capaz de que una joven de 25 años recupere la esperanza, ésta tiene derecho a acabar con su vida.

Pero la sanidad no es la culpable.

Las causas del incremento de los trastornos mentales y de las ideas de suicidio, sobretodo en jóvenes, están bien definidas en múltiples estudios. Los profesionales de la salud mental llevamos mucho tiempo tratando de visualizarlas, haciendo hincapié que son los factores socioeconómicos los que están detrás de la mayoría del sufrimiento psicológico en los jóvenes. Por eso insistimos en que debemos poner nuestros esfuerzos en la prevención. Pero la política, en su realidad paralela, está por otros derroteros y utiliza la sanidad como la habitación de atrás donde guardar estás «incomdidades del sistema».

Las ideas de suicidio no implican enfermedad

Una tentación frecuente para alejar de nuestra realidad un hecho tan doloroso, es pensar que ocurre en personas enfermas, gente que no está en sus cabales y de cuyos actos o pensamientos no son dueños… Nada más lejos de la realidad. Noelia sabía bien lo que hacía; no padecía ninguna «enfermedad psiquiátrica».

Enfermedad psiquiátrica entendida como entidad equivalente, en cuanto a su génesis; al resto de las enfermedades físicas: una predisposición genética asociado a un determinado ambiente desencadena una alteración neurofisiológica que provoca una serie de síntomas que pueden unirse en un síndrome diferenciado que tiene una evolución y respuesta al tratamiento predecibles.

Estas enfermedades son el trastornos bipolar, la depresión con síntomas endógenos, la esquizofrenia, el trastorno obsesivo compulsivo entre otras. Todas ellas pueden provocar ideas de suicidio graves en muchos casos. Es tarea de los profesionales de salud mental tratar los síntomas para que estos se resuelvan. Puede haber casos muy complejos pero al ser nuestro terreno, tenemos más margen de maniobra.

El trauma, otra escusa

Otra tentación es pensar que Noelia tuvo muy mala suerte. Tuvo una

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